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Contaminación en el trabajo

Queimada

Al revés de lo que muchos puedan pensar, vivir en Madrid no es la panacea.

Al irrespirable aire que se padece en la capital se suma un reciente informe que dice que la contaminación del interior de los edificios de oficinas es dos veces superior a la de la calle y cuatro a la recomendada por la Unión Europea. Gran parte de lo que los estudios están desvelando tiene su origen en la crisis del petróleo del 73, que provocó un cambio de paradigma en la construcción.

A mediados del pasado mes de febrero, las alarmas se dispararon en Madrid por una anomalía en la atmósfera que impedía la salida de la polución y los restos de una nube de polvo rojizo proveniente del Sáhara, lo que unido al exceso de tráfico había elevado significativamente la contaminación de la ciudad, que superaba con mucho los niveles permitidos por la Unión Europea. Sin embargo, esta situación no es excepcional.

En España, más de 12 millones de personas viven en zonas donde a diario se superan los niveles de contaminación, que, según una directiva europea, no pueden ser superiores a los 50 microgramos por metro cúbico.

Los niveles registrados en algunas estaciones de medición de la capital eran claramente superiores, llegando a los 373 microgramos en algunos casos.

Oficinas contaminadas

Unos días después de que la nube abandonara la capital, un estudio elaborado por la empresa Aire Limpio, especializada en la calidad ambiental en el interior de los edificios, desveló que en una ciudad como Madrid, donde la contaminación es la norma, más del 90% de las oficinas madrileñas superan

los niveles de contaminación existentes en el exterior de los edificios. Según el informe, la contaminación que se registra en el interior de los inmuebles madrileños dobla la media de la contaminación exterior registrada en la ciudad en 2005, y es cuatro veces superior a la recomendable para la salud. Aire Limpio señala en su estudio, realizado en 500 oficinas de Madrid, que ha detectado que la contaminación interior se sitúa en más de 6,5 millones de pp3 (partículas por pie cúbico), frente a los 3,2 millones que se detectaron en 2004. Hay que tener en cuenta que esta contaminación no debería superar los 1,5 y 2 millones de pp3.

Todo esto afecta gravemente a la salud, ya que según la Asociación Americana del Pulmón (American Lung Association) existe un 17% de incremento en la mortalidad de las personas en aquellas áreas donde se detectan altas concentraciones de partículas pequeñas en suspensión. El mismo estudio ha relacionado la exposición a relativamente bajas concentraciones de materia particulada con las muertes prematuras, ya que presentan un mayor riesgo para la salud que otros contaminantes más conocidos como el ozono o el monóxido de carbono.

El motivo del problema

Según señala un informe de Ecologistas en Acción, en España se producen 16.000 muertes prematuras al año relacionadas con la contaminación atmosférica. Los estudios sobre el efecto a largo plazo han estimado que la exposición a partículas en suspensión puede reducir la esperanza de vida entre varios meses y dos años, y según la Comisión Europea, la presencia de estas mismas partículas en la atmósfera produce cada año 288.000 muertes prematuras en el mundo. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud informó en 2004 de que el mismo motivo causa anualmente la muerte prematura de 13.000 niños de entre uno y cuatro años de edad.

Gran parte de lo que sucede tiene su origen en la crisis del petróleo del 73, a consecuencia de la cual se produjo un cambio de paradigma en la construcción y primaron más los criterios de consumo energético y sellado del edificio que los de salud y confort de los ocupantes. Unido a esto está la utilización de colas, maderas prensadas, mobiliario, impresoras, ordenadores, papel, plásticos, etc., que emiten compuestos volátiles mezclados con los habitualmente deficientes sistemas de climatización de los locales.

Con esta situación, no es de extrañar que en la región de Madrid haya cada vez un mayor número de personas con problemas respiratorios, como asma o hipersensibilidad pulmonar, que según Los Verdes ha pasado de 9,5 por mil en el año 2000 al 10 por mil que se registró en 2003.

Además, la contaminación puede provocar otros problemas como irritación, sequedad de garganta y ojos, náuseas, dolores de cabeza, fatiga, sensación de letargo, congestión nasal, alergias, contagios por gripe, y un larguísimo etcétera de dolencias menores.

Artículo original publicado en el periodico Si, se puede del 22/28 de abril de 2006

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