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EL GUARDIÁN DEL PARAISO 8

Queimada

« CAPITULO 8 »

NARRADOR - Habían acabado los energicos fregoteos manuales y regresaron al punto donde la comida les aguardaba; realizaron esta en medio de gran algarabía por parte de los niños a la cual se sumaban gustosos la pareja mayor que pese a no estar habituados a tal proceder ante una mesa de comidas , como esta era fingida bien podian permitirse algun exceso para estar a tono con los pequeños : Entre risas , bocados y tragos ora de una fresca garrafa , ora del vino con gaseosa conservados en la portatil neverita ... Fueron dando buena cuenta de lo que ella había preparado; cuando ya no pudieron con mas recogieron entre todos los restos guardando lo aun utilizable para una eventual merienda y el resto en bolsa de plastico para dejarlo a la salida en uno de los bidones preparados al efecto .Terminado todo Jesus Javier propuso dar un paséo a fin de aligerar la pesada digestión y recogiendo la cámara fotografica se encaminaron río arriba para ver lo que encontraban digno de ser reflejado en ella y que resulto ser la imajen de una mujer rellenita bien sentada sobre una piedra en el centro del riachuelo pues a los pequeños les llamó la atención como habría podido llegar hasta alli con tantos "kilitos " encima ....

Siguieron luego remontando el sendero hecho por las propias pisadas de los pescadores sin que dejaran de atravesar densos pinares y claros arroyuelos que se perdían cantarines camino del cauce principal: Sacaron " fotos " de todo ello mientras lo recorrían pese a que por lo avanzado de la hora ya habían llegado hasta alli muchos otros excursionistas y cada vez que íban a reflejar en la cámara algun tramo interesante del Eresma, siempre estaba en el encuadre alguno de ellos recogiendo la frescura de los peñascos ..........

Y de pronto llegaron a un sítio en donde el rio formaba un pequeño embalse; unos montones de piedras sujetados por un tronco de árbol cruzado en la corriente permitía dos cosas: La formación de una pequeña piscina de lo mas natural y el paso al otro lado por la parte superior del tronco. La distancia que les separaba del lugar en donde efectuaron la comida asi como los continuos giros y revueltas del Eresma les habían impedido ver el paso cuando miraron antes de atravesarlo a pié: Hicieron varias fotografías en el punto aquel aun cuando tornó a salir en ellas el mismo visitante.

Luego cruzaron a la otra orilla encontrando allí a pocos metros en una extensión entre los pinos, un prado que descendía en pronunciado desnivel desde la carretera hasta el cauce del rio; se tumbaron en su Verde hierba, dejando transcurrir placidamente el tiempo mientras disfrutaban de una Paz idílica solo turbada por los trinos de algunos pajaros y el ruido producido por cualquier automovil que muy de tarde en tarde a la hora aquella circulaba por la cercana carretera. Pronto sin embargo se cansaron los críos de tal inactividad y se inventaron un juego que se basaba en subir a lo alto del prado y dejarse caer rodando sobre si mismos hasta donde estaban ellos que hubieron de colocarse en pié con las manos extendidas para detener su caida antes de llegar al fondo del prado en el que unas zarzas les podrían causar daño caso de haberles dejado llegar a ellas.

El juego discurría entre risas y gritos felices de los niños que nada mas ser detenidos por la pareja mayor, volvían a subir gateando a lo mas alto y tornaban a soltarse prado abajo: La cosa no íba mal hasta que una vez los pequeños en su deséo de hacer mas emocionante el descenso tomaron mucho impulso inicial y bajaban raudos cual dos bólidos girantes; aunque la pareja mayor intento detenerles como antes, la velocidad era muy superior esta vez y fueron embestidos por aquellas masas rulantes que venciendo su precario equilibrio hicieron al cuarteto salir prado abajo, el sujetando al sobrino y la mujer haciendo lo própio con Paloma.

Por su mayor peso llegó primero al trocito llano la pareja varonil y el pontevedres quedo un instante viendo llegar a las feminas mientras la mayor al tratar de proteger entre los brazos a su hija, no pudo prestar mucha atención a como quedaba su falda y a consecuencia de ello túvo el hombre ante los encandilados ojos la totalidad de unas piernas que por su tersura le recordaron a los estilizados eucaliptus de su tierra. Para colmo estas atinaron a detenerse casi en su misma cara y hubiese podido besarlas muy suave de haber querido. Por desgracia estaba condenado a tener la " Miel ante sus labios" sin poder paladearla. Acabaron poniendose en pié y saliendo de alli para evitar nuevas bajadas de los críos.

Torno el cruzar la corriente y descender por donde antes habian subido hasta llegar al punto de la comida y allí estuvieron tumbados un largo rato: Hacia las siete entraron de nuevo en el Agua que ya se encontraba mucho menos fría y otra vez a los entretenimientos acuaticos y salpicaduras entre todos: Llegadas las ocho salieron al claro donde Susana con la ayuda de él secó a los críos para ponerles a continuación las ropas que traían al princípio pues ya hacía tiempo que estaban secas. Luego realizaron una especie de merienda-cena que les ocupo hasta las nueve y media, hora tardía pues ya la altura de las montañas que les rodeaban habían ocultado el Sol y las sombras comenzaban a extenderse sobre el lugar. Recogieron todo y volvió el cruzar la corriente esta vez sin sobresaltos y por su parte contraria fueron al automovil que aguardaba en el sítio que lo dejaran por la mañana; abrió él y todos entraron al 124 para retroceder luego con todo cuidado hasta un punto en que el camino ensanchaba algo mas por lo que lograron dar media vuelta y enfilar la dirección para salir del recinto acotado; al llegar a la esplanada final , depositaron las bolsas de basura en un bidón y saliendo a la carretera tomaron el camino hacia Madrid .

Nada mas comenzar la subida de Navacerrada los niños situados en el asiento trasero y rendidos por el trajín del día, se dejaron caer a lo largo de el y tras algunas protestas de que se molestaban uno a otro quedaron profundamente dormidos por lo que la pareja mayor realizó el trayecto de vuelta comentando en voz baja las incidencias vividas y distraidos con su propia conversación arribaron sin casi darse cuenta a la entrada de la capital donde las indicaciones de Susana volvieron a entrar en acción hasta que se vieron a la puerta del hotelito.

Se repitió la escena de noches anteriores y cuando los niños quedaron acomodados en sus camitas, ellos tomaron asiento en el sofá a reposar de los hechos ocurridos durante el maravilloso día pasado en plena sierra de Gredos: Tras unos minutos de Relax, dijo ella levantandose;

SUSANA - ¿ Quieres un poco de café ? Nos sentará bien antes de irnos a dormir.

NARRADOR- Asintió él y mientras la mujer entraba en su cocina, se dirigió al " Compacto " que vió junto a una esquina del salón, conectandole a la red . luego levantó su transparente tapa y extrayendo un L.P. de la colección que figuraba en unos compartimentos que estaban bajo la mesa que soportaba el aparato y este resultó ser un compendio de grandes orquestas, cada una sonando tras la otra; lo puso en el plato giratorio haciendo luego coincidir la fina punta de Diamante con el inicio de la negra superficie del disco. Redujo la voz al máximo posible y a los pocos segundos salió al aire del recinto una melodía interpretada con el estilo inconfundible de Ray Connif.

Cuando acababa la primera pieza apareció Susana con el café y lo paladearon en silencio embargados por la habilidad del escoces que mezclaba sabiamente coros de voces con el sonido de instrumemtos hasta lograr una Armonía que llenó de paz el espiritu de sus oyentes durante la segunda pieza. Luego sonaba otra orquesta mucho mas clasica y se dejaron llevar por las dulces interpretaciones de Paul Mauriat durante otro par de melodias; siempre paladeando el café oyeron luego las estridencias germanicas de Bert Kaenfer hasta que se terminó aquella cara del disco: El aparato provisto de giro automatico lo efectuó y volvieron las cuerdas con Helmut Zacharías y sus violines mágicos; tras el vino un par de mambos con su Rey nato y Perez Prado ocupó la audición de ellos dos durante unos minutos. Y llegó el turno final para el maestro indiscutible como lo es Frank Pourcell: Tras una de sus piezas mas logradas la aguja se introdújo en la melodía final que cuando comenzó a sonar extraño al varón pues no la había escuchado nunca. (Comienza a oirse la música de Susana que ya está preparada esperando que la versión televisiva de esta novela le de popularidad.)

Ella se levantó en silencio con los ojos cerrados como si fuese a iniciar unos pasos de baile sola: Era una invitación demasiado clara y se levantó a su vez asiendo la mano derecha de su cuñada con la súya contraria; pasando luego su diestra por la espalda femenina muy despacio ... Casi acariciando, la hízo descender lentamente hasta enlazarla por el Talle; sin la menor resistencia por parte de la mujer sus cuerpos quedaron estrechamente abrazados al seguir los compases del baile que para colmo era de un típo cadencioso por demas.

Sintió él entonces una cosa extraña: Cuando se levantó para enlazarla creyó que el contacto con la hembra produciría en su interior una fortisima sacudida similar a cualquier descarga electrica mas no era así. El esplendido cuerpo femenino pegado totalmente al súyo le producía una inefable sensación de gozo y placidez completamente desconocidos para el mozo. La mano libre de Susana se había situado entre el final de su cabello y el cuello de la camisa efectuando unos suaves movimientos por alli que resultaba ser una caricia de impresionante Dulzura. Sus mejillas lentamente , casi temerosas... Fueron acercandose hasta quedar unidas tambien : El disco terminó pero ninguno de los 2 quiso darse por enterado.

Torciendo un poco la cabeza, fué pasando él sus temblorosos labios a lo largo de aquella mejilla en camino a la tentadora boca que cada vez estaba mas cerca y que la mujer no hacía nada por retirar. En su apasionado recorrido llegó él a la comisura de los labios tentadoramente rojos que presentaba su cuñada cuya anatomía temblaba entre sus brazos: Sin saber como el nombre de la mujer acudio a su garganta.

JESUS JAVIER - Susana ....

SUSANA - ¡ Javichus .... !

NARRADOR - No fué un nombre: Ni siquiera una imitación de como le denominaba Paloma; resultó un estremecedor regalo para su oído, desgranado lentamente por aquella voz que sustituía con toda ventaja a la finalizada música. Comenzó a dar cortos y repetidos besos en aquella turbadora boca hasta que los labios de ambos se hallaron totalmente en una suave y dulcisima unión que parecía querer introducir succionando a uno dentro del otro.

Ninguno súpo la duración de la caricia. El tiempo se había detenido para ellos; cuando cesó, la cabeza de su cuñada se apoyó en el hombro de él que permanecía con la vista clavada al frente aunque maldito si veía alguna cosa ... Una ligera humedad en su hombro le volvió a la realidad: Susana lloraba. Con ese llanto silencioso que impresiona mucho mas que cuando vá acompañado de gritos y lamentos...Acariciando su largo cabello, intentó Jesus Javier articular alguna frase para consuelo de la hembra pero se vió interrumpido por esta que colocó sus dedos acariciantes sobre la boca masculina para comenzar muy lenta y con entrecortada voz;

SUSANA - Escucha: Oyeme en silencio pues lo que quiero decir me resulta extremadamente dificil porque créo estar perdidamente enamorada de tí ..... No preguntes, no intentes entender como há sido posible esto en los pocos días que llevamos juntos pero... Así es: Quiero agradecerte la formidable delicadeza de tus actos para conmigo: tu dificil corrección en la barca del parque. Tu hombría al no intentar volver la cabeza en el coche cuando estabamos secando la ropa... Aun mas tu elegante gesto al volver el espejo ... Tu presencia anoche aquí sin palabras ni insinuaciones ... No intentando aprovecharte de la situación, cosa que seguramente habrías conseguido. El esquisito tacto hoy en el río... Tu constante compañía ... Todo en general que ha llevado forzosamente a este desenlace: Ahora mismo este hogar, este Paraiso como tu mismo dijiste, al igual que el guardado por ti en Galicia depende en absoluto de tus actos: Tienes que ser su guardián pues yo ya no tengo fuerzas para defenderlo. Una palabra, una sola palabra tuya y caería irremisiblemente aún mas en tus brazos pero te ruego... Te suplico que no la digas, por los niños que te adoran... Por Alvaro...Por esta casa que está en tus manos ... Por mi propia dignidad de mujer, no la digas... No la digas, por favor ... ¡ No la digas !

NARRADOR - El silencio volvió a reinar en la estancia: Ella seguia llorando sobre su hombro; él sentía unos irresistibles impulsos de estrecharla todavía mas contra su própio cuerpo, de levantar su deliciosa cara y secarle con besos una por una todas las lagrimas que se desprendían de aquellos cautivadores ojos... Pero no hizo nada de ello. Suavemente fué desprendiendose del enloquecedor abrazo y volviendo la espalda comenzó a desplazarse hacia la salida ... (Comienza la música muy suave.) ¡ Que lejos estaba la condenada ! Sus piernas le parecían de plomo; cada paso que daba era una cruenta lucha contra la persistente voz interior que le gritaba: ¡ Vuelve ! Tomala de nuevo entre tus brazos, gozad ambos del Amor que os devora y luego que el Diablo cargue con los dos .......

Otro paso, otra lucha ... ¡ Otro paso ! Logró por fin llegar a la lejanisima puerta y abriendola, salió. Al volverse para cerrar la vió, inmovil, estática... En la misma postura que él la dejara, con los brazos caidos a lo largo del cuerpo y las lagrimas fluyendo incontenibles de aquellas maravillosas fuentes resbalando por su piel ... La contemplo un momento conteniendo el respirar como temeroso de que tan imperceptible sonido pudiese romper el hechizo de aquella fabulosa estampa y luego lenta...... Muy lentamente, la puerta se cerró tras él.
(Música fuerte hasta el final.)

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